Segona Crònica
— Lo Somaten
El obispo de Vich Torras y Bages dijo una vez una frase que define perfectamente la intencionalidad de las comarcas interiores de Cataluña:
CATALUNA SERA CRISTIANA O NO SERA.
Definía con esto el modelo de sociedad ideal carlina, rural y gremial anclada en el pasado aunque exteriormente parezca totalmente moderna.
La Garrocha y especialmente Olot reproduce adaptándolos a los tiempos modernos esta mezcla de religiosidad (Dios y lo divino sobre todo y en todas partes) y pragmaticidad en los negocios cotidianos. Aquí se habla del patrón, «l'amo» y éste puede ser bueno o malo. Aqui se trabaja para ahorrar, no para vivir.
Aqui se pide fidelidad en el lugar de trabajo, en el grupo a que se pertenece, y quien no la da o es un despreciable traidor (un rojo) o es un charnego (inmigrante de fuera de Cataluña, normalmente de Andalucía).
Otra característica es el tipo de trabajo que se realiza o que predomina, que a pesar de haber recibido el vestido de la modernidad y la tecnología entronca con las raíces de la miseria rural. Si tuviéramos que poner un eslogan sobre la industria éste sería: aquí se aprovecha todo.
La escultura religiosa, que fue durante un tiempo uno de los puntales de la ciudad de Olot, utiliza como materia prima una mezcla de virutas, papeles y cola (todo desecho) a la que se llama pomposamente pasta madera. Añadamos la bula papal de que las figuras eran indulgenciables y tendremos la santificación de la mierda.
No nos extrañemos de la capacidad de sacralización de este pueblo, ya que la historia se ha repetido desde los tiempos más remotos.
Han sido capaces de sublimar desde la tierra hasta los asesinos (trabucaires) más crueles y feroces. Desde la industrialización le ha tocado al trabajo, al producto elaborado que siempre se pone bajo la advocación de una enseña que represente la más fiel tradición católica, apostólica y romana.
Es como si una bandera con la cruz de San Andrés ondeara sobre esta Comarca y con ello se dignificara al producto y todos los que estén en contacto con él.
Es una maravilla ver la riqueza que genera un garrochín de un desecho: Una de las industrias clásicas es la del cerdo. ¿Por qué?
Porque del cerdo se aprovecha todo. ¿Y la confección? Aqui el rey es el regenerado: aprovechamiento de los restos, de los retales, de los trapos, que aquí se hilan, se tejen y se confeccionan, y con eltriangulito del Espíritu Santo invertido en la manga invaden los mercados nacionales e internacionales. Desconozco si se trata de unos símbolos consciente o inconscientemente sagrados.
La última industria que se encuentra en expansión: los inyectados de plástico tiene los mismos fundamentos: aprovechar al máximo el producto que se transforma, tener una materia prima barata, sacralizarla poniendola bajo la advocación de algo divino o trascendente y es que esta comarca mantiene los valores tradicionales, y lo consigue además gracias a la ayuda y apoyo generoso y desmesurado que el partido que gobierna en Barcelona le dedica.
La inversión sigue los criterios puramente políticos de mantener la Garrocha como la reserva de Cataluña. Para que imperen los hábitos tradicionales, las costumbres de siempre, los valores de la tierra integrista y feudales.
Por más maquillaje de modernidad que les pongan, ésta es la Cataluña honda, el retro de la Costa Brava que la Generalidad cuida como a la niña de sus ojos: es la Garrocha. Es el alma de Convergencia, la hija del Carlismo integrista.


