Crítica literària del falsejament
Gonzalo Torrente Ballester
544 pagines. Editorial Destino.
Coyagoyagoyagoyagoya ...
-Seria muy interesante el estudio de unas radiografías.
-¡En seguida, señor! ¡Todo está previsto!
Domínguez desaparece tras el cuadro. ¿Quería usted una radiografía? Ahí tiene media docena: de cuerpo entero, de cabeza, de tibia y peroné, de cúbito y radio y, que esté feo decirlo, de bajo vientre. En sus marcos, con luces detrás, luces difusas, como las de los museos. Y una tomografía del pulmón izquierdo a la altura del corazón. Los dos criticos se miran: miradas que consultan, confirman, corroboran.
-¿Recuerda las de la condesa de Chinchón? Existe evidentmente cierta analogía morfológica. (...)
-Pero, ¡hombre!, Landrove ... ¿Qué hacia ahí escondido?
-Esperaba el turno del aguafiestas. Siempre es el último.
-¿Porqué aguafiestas?
-Porque no estoy tan convencido como ustedes de que ese cuadro lo haya pintado Goya.
-¡A ver, a ver! Tiene que haber razones muy bien fundamentadas y, sobre todo, documentadas. Porque para nosotros ...
-Yo no digo que no sea Goya, digo que puede no serlo.
-¡Hombre!
-Y no a tontas y a locas. Me consta que existe un falsificador capaz de haber pintado ese cuadro.
Habla susurrando, como apabullado o tímido. Las risotadas de los críticos apagan su voz, la entierran. El público alarga el cuello, con movimento unánime.
-¡Eso es lo mismo que asegurar que existe un hombre que pinta como el mismo Goya!
-Terrible, ¿verdad? Pero de Madrid han salido para Norteamérica, en los últimos seis años, cuatro retratos que hoy figuran en otros tantos museos con el nombre de Goya en unas hermosas placas de bronce. Naturalmente, antes fueron sometidos a toda clase de análisis, así técnicos como estéticos. Con resultado positivo, por supuesto. Que yo recuerde, dos de ellos, al menos, constan ya en los catálogos.
-Los falsificadores de «Goyas» ...
No son falsificaciones, ustedes saben mejor que yo cómo se fabrican. Pero éstas están hechas por el procedimiento de pintarlas con un modelo delante, como el propio Goya las hubiera pintado, y envejecidasluego. Yo no sé quién las hizo,y lo siento, porque es un genio». (...)


